El Ahorcado
Satánicas depresiones adornan este sector de mi camino, el que está lleno de poetas muertos y oscuras liturgias de una extraña religión encabezada por el dios griego Eros. Es el omega de los malditos, la tierra prometida de los muertos-vivos. De todas las formas que existen para matar, mi pena ha sido colgar, pero puedo decir; que el mundo desde aquí se ve distinto. Si apuntan con el dedo o se carcajean a lo esbelto, todo es imperceptible.
Todo es imperceptible por causa al perceptible color sepia. Todo se ve sepia menos aquel niño que un día fui, montado sobre un pabellón, con pupilas que tiritan en brillo de intromisión. Le da curiosidad saber quien soy, quien fui, que hice y como a todos los presentes, se llena de emoción porque llegara la hora de la ejecución.
No es cosa de drama que tu voz suene a traición, todo nuevo comienzo trae consigo una nueva muerte. No hay palabras claras para expresar esto que siento ― dije a mi ejecutor ―. Un sujeto delgado y de cabello largo, llevaba una túnica negra que su rostro no permitía ver. No se si necesite respirar, pero al menos si necesito gritar. No se si sea una sensación de muerte pero se que de vida no es.
Tu amor es la soga que me adorna el cuello, me aprieta, me asfixia, pero no me deja morir. El infierno sólo tiene nueve círculos y en ninguno de ellos hay espacio para mi. Frases de amor juegan en mi mente cuando ya no queda nada más, cuando el cielo se a pintado de oscuridad y el suelo a desaparecido para mi.
Asumo que fui yo quién mas fallo, y se que no dejarás que mis pies toquen el suelo otra vez, así que entre mudo y cansado suplico por las lagrimas que si lograron tocar la húmeda y vieja madera, que por favor me dejes partir, solamente la muerte puede calmar a las bestias. Arriba me espera un cielo repleto de estrellas, que a lo mejor al verme sin ti, se compadezcan todas ellas y me den la oportunidad de ser feliz.

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